Redes, odio y síntoma de época

El anonimato como escudo que potencia la violencia

“Porque No!”
Mix Media on cardboard
Mila R. Haynes

Se sabe que en las redes el insulto se ha vuelto gratis. Muchísimxs usuarixs se permiten, con la trampa del seudónimo o sin él, insultar a su eventual autor de un modo hiriente y obsceno, a veces sin saber qué se está rebatiendo o haciéndolo de un modo tan vago y genérico que ya no se trata de una respuesta. Más bien el insulto es algo que yacía y permanecía en espera hasta encontrar a su destinatario. Como si estuviera desde antes, esperando al autor del texto, para excretar el odio. Para transformar al autor en un objeto sobre el que se ejerce un sadismo de baja intensidad.

Obviamente no me refiero aquí al que responde desde sus propios argumentos y formula una diferencia crítica. En este caso, el que actúa así no suele apelar al insulto.

Este funcionamiento en redes, es una nueva modalidad de la pulsión destructiva y la agresividad más primaria, donde el otro es un mero recipiente del odio.

Este odio va in crescendo porque el ejecutor del odio es un consumidor-consumido. Cada vez necesita repetir su gesto insultante porque siempre falta un plus para quedar satisfecho del todo.

Por ello su odio exige una práctica permanente, exige textos donde depositar la excrecencia al modo de una firma.

La sabiduría social recomienda no prestar atención a la presencia sistemática de humores resentidos en el funcionamiento de las redes.

Sin embargo, es un síntoma de época que merece ser atendido. Podrían ​argüirse las graves situaciones de la realidad: hambre, precios, inflación, impotencia o la complicidad de los gobernantes en la situación, etc. Sin embargo en muchos casos, estas lamentables situaciones, funcionan más que como causas, como los pretextos que habilitan al insulto.

No se trata de los célebres trolls, ni del ataque de las derechas, sino de un mundo aparentemente progresista o peronista o nacional-popular el que ahora aparece encarnando, en diferentes estilos, con una nueva modalidad: el insulto personal justificado ideológicamente.

¿Debemos ser indiferentes y naturalizar la violencia simbólica en las redes como si la misma no tuviera consecuencias?

¿No intervienen estos ejercicios retóricos del rencor en las construcciones ideológicas de quienes los ejercen?

¿Esta presencia del insulto al otro, con el pretexto de expresar una diferencia, no es una emergencia de la “vida fascista” en el corazón de la vida cotidiana?

¿Se puede pertenecer a un campo ideológico transformador si se usa un modo de denigrar a los otros tal que vuelve evidente el deseo de dañar?

Este goce en la crueldad es una sublimación simbólica de la violencia de la opresión, camuflada bajo el modo de un debate intenso que culmina, en muchas ocasiones, con la ” eliminación” digital del contrincante.

Hay que insistir en que no se trata ni de los saludables debates, ni de las necesarias confrontaciones apasionadas.

Sino del agazapado insultador serial que da testimonio de cómo en el capitalismo, los vínculos sociales tienden a erosionarse incluso, a través de aquellos que serían críticos con las injusticias de la realidad social.

Sin embargo, hacen parte de la voluntad destructiva del capital. Constituyen un modo de captar el nombre del que se insulta y despojarlo de su dignidad simbólica para usarlo como un medio de goce.

Por Jorge Alemán Psicoanalista y Escritor

Psicoanalista en Madrid: Autodisciplina y pandemia

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Los gobiernos en Madrid, en España y mundialmente, apelan una y otra vez a la responsabilidad personal, al cuidado por los otros, a imponerse la autodisciplina pertinente.

No puede ser de otra manera.

Así lo piensa el sentido común y por supuesto el que consulta un Psicoanalista en Madrid y en cualquier parte del mundo, de hecho, la fórmula se impone por sensatez y prudencia.

El problema es que hay tres problemas que los gobiernos democráticos no pueden abordar.

Por lo que, al menos por ahora, resulta estructuralmente imposible afrontarlos, incluso más allá de los psicoanálisis.

En primer lugar,

Y ya señalado por Kant y demostrado, una y otra vez, con los que llegan a una consulta de psicoanálisis, es que el sujeto está trabajado por una sensibilidad que siempre está atraída por sus intereses particulares.

A pesar de que no se de cuenta, y se distraiga con facilidad de los imperativos de la razón práctica.

Por esta razón, es de donde quizá surge la fastidiosa y veraz fórmula de Perón:

“El hombre es bueno pero si se lo vigila mejor”.

En segundo lugar,

La lúcida observación de Freud, el cual creó el psicoanálisis hace ya más de un siglo:

“Las civilizaciones modernas progresan”.

Así lo vemos los Psicoanalistas en Madrid también, avanzan hacia una presión cada vez más fuerte de la pulsión de muerte.

Cualquier oferta de placer puede eventualmente incluir el descuido que le abre paso a la pulsión de muerte.

Hay miles de sujetos que no creen en la palabra pública del Estado, ni en Madrid, ni en España, ni en Europa, ni en otros continentes.

No es que sean negacionistas, pero en su fuero interno, es algo así como que “la cosa no va con ellos”, incluso de un modo que confina con el pensamiento mágico y se sienten inmunizados.

Aunque no puedan dar cuenta de ello.

Así lo comprobamos en la consulta de psicoanálisis, tantas veces.

En tercer lugar,

Inevitablemente lo constituyen las propias condiciones del capitalismo, las cuales exigen habitar en un presente absoluto, sin posibilidad de perspectivas históricas de futuro.

Y el famoso triunfo del “carpe diem” que tanto se escucha cuánto más catastrófica parece la situación.

De ahí la atmósfera apocalíptica que tiñe a nuestro mundo, repito, no solo en Madrid, ni España, va más allá, sin duda.

El desorden en el que la civilización occidental capitalista va ingresando exige no desatender una pregunta que surge de la propia encrucijada.

¿Pueden los gobiernos populares y democráticos construir un nuevo tipo de autoridad no represiva?

¿Pero lo suficientemente firme como para darle una nueva consistencia al ejercicio de la soberanía?

Donde la apelación a la llamada autodisciplina no constituya la última palabra en la catástrofe pandémica.

Palabras recogidas de Jorge Alemán.

Psicoanalista y escritor.

Esas y muchas otras preguntas se abren y despliegan en el trabajo con un Psicoanalista en Madrid, y en cualquier rincón del mundo donde los haya.

Cómo hacer??

La pregunta que insiste en distintos foros ya no es ¿”Qué hacer”? (Lenin) sino “¿Cómo hacer?”. Cuando se describe la potencia del Capitalismo en su reproducción ilimitada y en su nuevo propósito de gobernar las almas, cuando se capta que el Neoliberalismo constituye una seria alteración antropológica donde el ser humano se convierte en el “Homo Economicus “

“Homo Economicus tratando de escapar”
Tinta. Ink
Mila R. Haynes

una condición que intenta hacer de cada existencia un capital humano, la pregunta por las condiciones transformadoras de la política se vuelve tan grave como atravesada por serias incertidumbres.

Jorge Alemán (estracto) “Pagina 12” 10/10/2020